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El cambio climático ya no es una previsión futura, sino una realidad que está transformando la agricultura. El aumento de las temperaturas, la alteración de las lluvias y la mayor frecuencia de fenómenos extremos están modificando profundamente el comportamiento de plagas y enfermedades agrícolas, incrementando la presión fitosanitaria sobre los cultivos.

Comprender estos cambios es fundamental para anticiparse, adaptarse y proteger las producciones.

Aumento de temperaturas: más plagas y ciclos más largos

El incremento progresivo de la temperatura media favorece directamente a muchas plagas:

  • Acelera su ciclo de vida, permitiendo más generaciones al año.

  • Reduce la mortalidad invernal de insectos que antes no sobrevivían al frío.

  • Facilita la expansión de plagas hacia nuevas zonas geográficas donde antes no estaban presentes.

Como consecuencia, los agricultores se enfrentan a infestaciones más tempranas, prolongadas e intensas, lo que dificulta su control.

Aparición de nuevas plagas y enfermedades

El cambio climático está favoreciendo la introducción y establecimiento de plagas y patógenos emergentes. Insectos, bacterias y hongos que antes se limitaban a climas tropicales o subtropicales encuentran ahora condiciones adecuadas para desarrollarse en nuevas regiones.

Esto supone un reto añadido, ya que:

  • Muchas de estas plagas son desconocidas para el agricultor.

  • No siempre existen estrategias de control bien definidas.

  • El diagnóstico puede retrasarse, aumentando los daños.

Cambios en las lluvias y mayor incidencia de enfermedades

Las alteraciones en los regímenes de lluvia, periodos de sequía seguidos de lluvias intensas, crean un escenario ideal para el desarrollo de enfermedades fúngicas y bacterianas.

La humedad prolongada, el estrés hídrico y el debilitamiento del cultivo hacen que las plantas sean más vulnerables a infecciones, reduciendo su capacidad de defensa natural.

Cultivos más débiles, mayor presión fitosanitaria

El estrés provocado por temperaturas extremas, falta de agua o exceso de humedad debilita a los cultivos. Un cultivo estresado:

  • Es más susceptible a plagas y enfermedades.

  • Responde peor a los tratamientos.

  • Reduce su rendimiento y calidad final.

Por ello, el cambio climático no solo aumenta la presencia de plagas, sino que incrementa su impacto.

Cómo pueden adaptarse los agricultores?

Aunque el contexto es desafiante, existen estrategias eficaces para adaptarse:

  • Vigilancia y detección temprana: Un seguimiento constante del cultivo permite anticiparse a la aparición de plagas y actuar antes de que los daños sean graves.
  • Manejo integrado de plagas: Combinar métodos culturales, biológicos y, cuando sea necesario, químicos, reduce la dependencia de tratamientos agresivos y mejora la sostenibilidad del sistema.
  • Fortalecimiento del cultivo: Un suelo vivo, una nutrición equilibrada y el uso de bioestimulantes ayudan a mejorar la resistencia natural de las plantas frente al estrés y las enfermedades.
  • Adaptación de estrategias de manejo: Ajustar calendarios de siembra, riego y tratamientos a las nuevas condiciones climáticas es clave para mantener la productividad.

En Trifersa somos conscientes de que el cambio climático exige nuevas formas de entender la sanidad vegetal. Por ello, ofrecemos asesoramiento técnico especializado, orientado a la prevención, la adaptación y el manejo eficiente de plagas y enfermedades en un entorno cada vez más cambiante.

¿Tienes dudas o necesitas apoyo en tus cultivos?

Contacta con nosotros al 956 319 638 y descubre cómo podemos ayudarte.

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