La nieve no es un fenómeno habitual en Andalucía, pero cuando aparece genera inquietud en el sector agrícola. En los últimos años, los episodios de frío extremo y nevadas puntuales se han vuelto más imprevisibles como consecuencia de la inestabilidad climática. Comprender cómo afecta la nieve a los cultivos resulta fundamental para reducir daños, anticiparse a los riesgos y, en algunos casos, aprovechar sus posibles beneficios.
La nieve en el campo andaluz: un fenómeno poco común pero relevante
En una región caracterizada por inviernos suaves, la nieve suele percibirse como un evento excepcional. Sin embargo, cuando se produce, su impacto puede ser significativo, especialmente en explotaciones que no están preparadas para este tipo de condiciones. El efecto de la nieve dependerá de su intensidad, duración, momento del año y del tipo de cultivo afectado.
En el campo andaluz, donde predominan cultivos como el olivar, los cítricos y los hortícolas, la nieve puede generar tanto efectos positivos como consecuencias negativas.
Beneficios de la nieve en la agricultura
Cuando la nevada es moderada y de corta duración, puede aportar ciertos beneficios al sistema agrícola. Uno de los principales es su función como aislante térmico natural. La capa de nieve protege el suelo y las raíces frente a descensos bruscos de temperatura, reduciendo el impacto del frío extremo sobre el sistema radicular.
Además, el deshielo aporta agua de forma lenta y progresiva, favoreciendo una mejor infiltración en el suelo y evitando la escorrentía. En zonas con déficit hídrico, este aporte puede resultar beneficioso para la reserva de humedad del suelo. Por otro lado, las bajas temperaturas asociadas a la nieve pueden contribuir a reducir la presencia de algunas plagas, especialmente aquellas más sensibles.
Riesgos y daños provocados por la nieve
Cuando la nieve es intensa o se mantiene durante varios días, los riesgos superan claramente los beneficios. El peso acumulado sobre los árboles puede provocar roturas de ramas, especialmente en cultivos leñosos como el olivo o los cítricos, debilitando la estructura del árbol y comprometiendo futuras cosechas.
Otro de los problemas habituales es la saturación del suelo tras el deshielo. El exceso de humedad puede provocar asfixia radicular, dificultando la absorción de oxígeno por parte de las raíces. A esto se suman las heladas posteriores a la nevada, que pueden dañar brotes, yemas o floraciones incipientes, especialmente en cultivos más sensibles.
Las bajas temperaturas también pueden retrasar los ciclos vegetativos, afectando a la brotación, la floración y el desarrollo del cultivo, con consecuencias directas sobre el rendimiento final.
Cultivos más sensibles en Andalucía
En el contexto andaluz, los cultivos que suelen verse más afectados por episodios de nieve son los cítricos, debido a su sensibilidad al frío, y los cultivos hortícolas al aire libre, que pueden sufrir daños severos tanto por las bajas temperaturas como por la humedad prolongada. Los olivares jóvenes también presentan mayor riesgo, ya que sus ramas aún no tienen suficiente resistencia estructural.
Los cultivos leñosos adultos suelen mostrar una mayor capacidad de resistencia, aunque una nevada intensa puede causar daños incluso en plantaciones bien establecidas.
Cómo prepararse y actuar tras una nevada
La prevención y una correcta gestión antes y después del episodio son claves para minimizar daños. Mantener una nutrición equilibrada ayuda a fortalecer el cultivo frente al estrés térmico. Asimismo, evitar podas excesivas antes del invierno reduce el riesgo de roturas.
Tras una nevada, es recomendable revisar el estado de la plantación, retirar ramas dañadas y ajustar riegos y labores para evitar problemas de encharcamiento. Una actuación rápida y bien planificada facilita la recuperación del cultivo y reduce el riesgo de enfermedades posteriores.
En Trifersa somos conscientes de que los fenómenos climáticos extremos suponen nuevos desafíos para la agricultura andaluza. Por ello, ofrecemos asesoramiento técnico especializado orientado a la prevención, al manejo del estrés climático y a la recuperación de los cultivos tras episodios adversos.
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